Si algo ha caracterizado las primeras décadas del siglo XXI, viagra ésta ha sido la tecnología. Una tecnología impulsada por la globalización que ha irrumpido en todos los sectores de nuestra sociedad y que nos exhorta de una manera óptima, a ser más productivos y eficientes, a ser más competitivos, a comunicar con mayor rapidez y de una forma más certera.

La tecnología ‘per se’ marca una diferencia entre los ‘early adopters’ y el resto, a la vez que genera una corriente contraria de vuelta a los orígenes y sistemas tradicionales. Esta dicotomía es típica de sistemas de innovación en proceso de adopción social que, cuando llegan a su madurez, son globalmente aceptados. Estamos pues en un proceso de adopción tecnológica en el que las nuevas generaciones aceptarán sin vacilar y sin entender la tecnología como un valor diferencial.

La comunicación comercial no debe ser ajeno a esto y tiene que entender la tecnología como un medio, no como un fin en si mismo. La tecnología crea oportunidades para que las marcas conecten con los consumidores. Pero para aprovechar esas oportunidades debemos entender que es lo que mueve a los consumidores, que les activa. Parece algo iterativo, pero volvemos a la búsqueda de ese insight universal que la industria publicitaria lleva buscando desde sus orígenes.

Cuando Henri Ford creó el primer automóvil fabricado en serie, su Ford T, dio la posibilidad a la clase media americana de acceder a una tecnología inaccesible hasta ese momento. Cuando el danés Janus Friis y el sueco Niklas Zennström fundarón Skype, democratizaron la voz sobre IP haciéndola accesible al mundo entero. Cuando Steve Jobs creó una nueva categoría de dispositivos inteligentes, era consciente que cambiaría la vida de más de 800 millones de personas en todo el mundo.

Ninguno de ellos utilizó en su comunicación la tecnología como eje de campaña. Ninguno de ellos quiso hacer entender a los consumidores los elementos técnicos que tenían sus producto.

Todos ellos utilizaron las emociones para acercar sus productos a la sociedad.

Son las emociones lo que mueve el mundo, no la tecnología.

Daniel Casal
CEO de Arroba y Presidente del Capítulo Español de la IAA

 

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